Evidencia arqueológica de la Crucifixión

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Se trata de un hombre crucificado por los romanos en el primer siglo e.c, de manera muy parecida al relato bíblico. Todos los libros del Nuevo Testamento coinciden sobre un tema indiscutible: Jesús fue crucificado. Los evangelios explican que los romanos clavaron a Jesús en un madero, atravesándole los pies y las manos.

Era una muerte muy dolorosa. porque el crucificado intentaba sostener su peso con los músculos en las piernas, lo cual presionaba sus pies agujereados sobre los clavos y producía espasmos musculares. Cuando se cansaba de aguantarse así toda la presión pasaba a sus muñecas, renovando ahí el dolor intenso. Al cabo de horas de sufrimiento, por fin se moriría de agotamiento, normalmente de un fallo cardíaco o asfixiado por el colapso de los pulmones. Durante mucho tiempo, los arqueólogos sólo tenían evidencia textual de la realidad de las crucifixiones.

En 1968. encontraron los restos de un crucificado en un osario que data de los tiempos de Jesús. El clavo que traspasa los tobillos del hombre crucificado está clavado todavía en un nudo de su cruz. Este hallazgo confirma el hecho de las crucifixiones, además del modo. Los detalles encajan con la descripción de la crucifixión de Jesús y demuestran que los judíos podían dar sepultura a un condenado a crucifixión, cosa que algunos estudiosos cuestionaban.

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