En el corazón de la cordillera de los Andes, a 50 kilómetros al este de Rancagua, en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins, Chile, se encuentra El Teniente, la mina subterránea de cobre más grande del planeta. Con más de 4,500 kilómetros de túneles excavados a lo largo de sus 120 años de historia, este coloso minero no solo representa un hito en la extracción de cobre, sino que también se sitúa en el límite del conocimiento y la tecnología minera mundial. Su profundidad, que alcanza casi un kilómetro bajo la superficie, y su complejidad operativa la convierten en un referente global de la ingeniería y la innovación en minería subterránea.
Un Gigante Bajo los Andes
El Teniente, operada por la estatal chilena Codelco, la mayor productora de cobre del mundo, comenzó su explotación moderna en 1905 bajo la dirección del empresario estadounidense William Braden. Sin embargo, su historia se remonta al período prehispánico, cuando los indígenas extraían cobre de manera artesanal. Durante la Colonia, conocida como “La Fortuna”, el mineral se enviaba al Virreinato del Perú para fabricar cañones y utensilios domésticos. Su nombre actual proviene, según la leyenda, del teniente del Ejército Libertador Juan de Dios Correa, quien heredó la propiedad en el siglo XIX.
Ubicada entre los 2,200 y 3,200 metros sobre el nivel del mar, El Teniente es un laberinto subterráneo que abarca una superficie de más de un kilómetro cuadrado y una profundidad cercana a los 1,000 metros. Este yacimiento emplea el método de extracción por “block caving” o hundimiento por bloques, que genera enormes cavidades subterráneas para extraer el mineral. En 2024, la mina produjo 356,000 toneladas métricas de cobre fino, lo que representa aproximadamente el 27% de la producción total de Codelco, consolidándola como la división más rentable de la empresa.
Innovación y Tecnología de Vanguardia
El Teniente es un referente mundial en innovación minera. Desde sus inicios, cuando los mineros usaban picos y palas, hasta la actualidad, donde se emplean camiones y maquinaria teledirigida, la mina ha evolucionado para incorporar tecnología de punta. Actualmente, cuenta con una flota de 104 buses eléctricos, una de las más grandes en operaciones mineras, fabricados por Reborn Electric Motors en Rancagua. Además, nueve trenes eléctricos recorren 33 kilómetros de líneas férreas subterráneas, coordinados desde el Centro Integrado de Operaciones (CIO) de Codelco, lo que optimiza la logística y reduce el impacto ambiental.
La mina también destaca por su compromiso con la sostenibilidad. A través de una alianza con Arrigoni Ambiental NFU, recicla 5,500 toneladas de neumáticos al año mediante pirólisis, un proceso que genera acero, carbón y combustible alternativo al diésel. Asimismo, cuenta con 40 puntos de reciclaje para plásticos, textiles y cueros, consolidando su apuesta por una minería verde con metas de reducir su huella de carbono en un 70% para 2030 y alcanzar la carbono neutralidad en 2050.
Desafíos en las Profundidades
Operar a profundidades cercanas a los 1,000 metros plantea desafíos únicos. La transición de la explotación de mineral secundario a mineral primario, más duro y de menor ley, ha requerido la incorporación de equipos mecanizados como martillos picadores y chancadores interiores. Esto ha elevado los costos de producción y el consumo energético, pero también ha permitido extender la vida útil de la mina. Proyectos como el Nuevo Nivel Mina (NNM), con una inversión de 3,900 millones de dólares, buscan profundizar aún más, hasta cotas de 1,880 metros sobre el nivel del mar, para garantizar 50 años adicionales de operación.
Sin embargo, la minería a gran profundidad no está exenta de riesgos. El 31 de julio de 2025, un sismo de magnitud 4.2 a 500 metros de profundidad en el sector Andesita provocó un derrumbe que dejó seis trabajadores fallecidos, nueve heridos y cinco mineros atrapados. Este incidente, el más grave desde la Tragedia del Humo de 1945, donde 354 personas murieron asfixiadas por monóxido de carbono, puso en evidencia los peligros inherentes a la minería profunda. A pesar de contar con una red de 150 sensores sísmicos y protocolos estrictos, la naturaleza impredecible de los eventos geológicos sigue siendo un desafío.
Un Legado Cultural y Económico
El Teniente no es solo una mina; es un símbolo de la identidad minera chilena. En sus cercanías se encuentra Sewell, un pueblo fantasma declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO, que en su apogeo albergó a miles de trabajadores en casas de madera de colores pastel. Este “company town” refleja el esplendor de la minería del cobre en el siglo XX. Desde la nacionalización del cobre en 1971, impulsada por el presidente Salvador Allende, El Teniente ha sido un pilar del PIB chileno, contribuyendo significativamente al abastecimiento global de cobre, un metal esencial para la transición energética mundial.
Con más de 20,000 trabajadores diarios, El Teniente es una ciudad subterránea con casinos, oficinas, talleres y sistemas de chancado. Su estructura, comparable a una metrópoli, incluye redes de agua potable, electricidad y ascensores que facilitan las operaciones. La mina también ha sido pionera en la incorporación de mujeres en roles técnicos, transformando la cultura minera tradicional.
Al Límite del Conocimiento Minero
El Teniente opera en el límite del conocimiento minero mundial debido a su profundidad, complejidad geológica y escala operativa. La mina enfrenta presiones naturales extremas, lo que exige innovaciones constantes en monitoreo sísmico, ventilación y seguridad. Proyectos como Diamante, Andesita y Andes Norte, que exploran cotas más profundas, representan un desafío técnico sin precedentes, comparable a construir un rascacielos como la Burj Khalifa, pero bajo tierra.
A pesar de los riesgos, El Teniente sigue siendo un modelo de resiliencia y adaptación. Su capacidad para integrar tecnología avanzada, como maquinaria automatizada y sistemas de geolocalización, ha permitido mantener su liderazgo en la industria minera global. Sin embargo, expertos como Arturo Belmonte de la Universidad de Concepción advierten que ninguna actividad de ingeniería está libre de riesgos, especialmente en un entorno tan extremo.
El Teniente es más que una mina; es un testimonio del ingenio humano y de la importancia estratégica del cobre en el mundo moderno. Con sus 4,500 kilómetros de túneles, su profundidad al límite de la tecnología minera y su compromiso con la sostenibilidad, esta maravilla subterránea continúa siendo un pilar de la economía chilena y un referente global. Sin embargo, los desafíos de operar en condiciones extremas y los recientes accidentes subrayan la necesidad de seguir invirtiendo en seguridad e innovación para proteger a quienes trabajan en sus profundidades. El Teniente no solo extrae cobre; extrae lecciones sobre los límites y las posibilidades de la minería moderna.
